Categoría: Golf

Ayer por la tarde me llegaba una newsletter de Taylor Made donde se comentaba la nueva campaña que esta semana iba a tener lugar en el Qatar Masters, no es otra que las gorras y las fundas de los drivers de los jugadores staff de Taylor Made presentes (Sergio García, Retif Goosen o Peter Hanson) iban a tener el corazoncito rojo que veis en esta foto de David Lynn.
Aunque algunos en un principio nos teminos que esta campaña pudiera estar ligada a la cercanía de San Valentín, podemos estar tranquilos, porque los tiros no van por ahí. Esta campaña de Taylor Made, según ellos, tiene que ver con la importancia que el driver tiene en la bolsa de un jugador y el amor que los golfistas procesan hacia él y el lanzamiento de su nuevo modelo: el Taylor Made R11S.
En la mayoría de las campañas de lanzamiento de nuevos drivers se habla del incremento de la distancia, de la mayor velocidad que genera el diseño aerodinámico de la cabeza, el perdón, en los últimos tiempos, la capacidad para modificar la configuración del driver. Tantas veces se habla de esos incrementos tan grandes, que si me los creyese, ya no quedarían pares 5 en muchos campos, ya que a 20 metros más cada año…
Por eso me ha sorprendido esta campaña de lanzamiento de Taylor Made y su R11S, ya que en su news letter nos quiere llevar al terreno emocional más que al aspecto técnico de mejora que presenta su nuevo modelo, que en este caso en concreto, se reduce a más posibilidades de configuración, siendo por ello, que con un poco de maldad, me pregunto si los argumentos técnicos no dan mucho más de si, siendo por ello necesario acudir marketing emocional y al amor que podemos procesar por nuestro palos.
Quizás para darle más sentido a esta campaña, debemos recordar los datos que la propia gente de Taylor Made nos daba sobre la utilización de las posibles configuraciones de sus drivers por sus clientes, dónde sólo un 10-15% de estos modifican la configuración con regularidad. Si estos son los ratios de uso de esta tecnología, quizás darle tanta importancia a ella en la campaña tampoco resultaría lo más lógico.
Nota: esta misma campaña tendrá lugar en el PGA Tour en la semana que se disputa el Northern Trust Open
Imagen| Ten-Golf

Nuestros amigos de Crónica Golf nos preguntaron vía twitter nuestra opinión sobre las ideas que Iñaki Aranguren plasmó en este artículo y que recibe el nombre de Golf Ahora.
Comparto la visión del golf que nos trae Iñaki Aranguren, de cómo el golf en Estados Unidos empieza a mostrar unos datos alarmantes: los jóvenes no consideran “cool” al golf y sólo el 40% de los que se inician al golf, siguen jugando después del primer año. Algo parecido comentaba hace poco Geoff Schackelford en su página, si Jack Nickclaus sólo ha sido capaz de que uno de sus ventidos nietos jueguen regularmente al golf…
El golf en nuestro país sigue teniendo una imagen elitista, será por sus comienzos en clubs privados, serán por le desarrollo de urbanizaciónes u hoteles de lujo con campos de golf, será por que el turista de golf es de los que se deja más dinero en España con sus estancias, será por estas y otras cosas, pero el golf a día de hoy, todavía no se ha quitado su etiqueta de elitista cómo si han hecho otros deportes como el ski. En este aspecto, todavía nos queda mucho trabajo por realizar.
El golf es un deporte que requiere tiempo, tiempo para poder entrenar y seguir avanzando, tiempo para poder jugar partidas con los amigos o torneos. A día de hoy, la falta de este, unida a las más de cuatro horas que nos pasamos en el campo jugando nuestros 18 hoyos, suele ser una de las causas, junto con el precio de los gree fees, por las que los golfistas no jugamos más o al menos tanto como nos gustaría. El juego lento es una de las grandes lacras de nuestro deporte, sin que la mayoría de clubes o federaciones estén haciendo algo al respecto.
En mi opinión, la gran mayoría de la gente “desconoce” el golf aunque lo reconozcan, saben de que va, pero nada más. Si tienen a algún golfista cerca y éste es un enfermo, tarde o temprano darán unas bolas en el tee de prácticas, pero si en entre su entorno no hay un golfista, es complicado que se acerque a nuestro mundo. Hay una barrera que no se ve, pero está ahí, por la terminología, por el material, por las instalaciones, quizás sea el propio miedo a pegarle al aire, pero cabría recordar que todos hemos pasado por ahí y algunos nos hemos quedado prendados de este deporte. Si sólo cuatro de cada diez se quedan, más nos vale que esta barrera desaparezca porque si no…
Cuando era un handicap alto (ahora también) siempre me preocupaba más mi dispersión que la distancia que tenía al green, pero entiendo que para que un jugador se pueda divertir, se tiene que considerar capaz de llegar en regulación al green, porque eso de llegar de 5 golpes en los pares cuatro, es complicado que divierta a alguien, y por eso me gusta el programa de Tee it forward, que el propio Iñaki Aranguren comenta en su artículo.
Ahora bien, he de reconocer que eso de hacer más fácil el golf, pudiendo colocar la bola siempre, ponerla en un tee, poderte aliviar siempre o flexibilizar las reglas, no es algo que me guste, y lo se con conocimiento de causa, porque en cada club, como comentaban ayer en twitter, tenemos algunos jugadores, que sin ellos saberlo, ya juegan en los torneos a Golf ahora, y no por ello, han traído a más amigos a nuestro deporte.
El golf es cómo es, un deporte complejo, muy técnico y que necesita dedicación, sin ella es imposible mejorar y convertirse en mejor jugador, aunque tampoco nos tendríamos que obsesionar con ello, ya nosotros mismos nos hemos divertido cuando ibamos o seguimos pegando rabazos con nuestros amigos, entre otras cosas, porque soy de los que considera que la dificultad del golf, es su principal aliciente para seguir jugando, es probable, que si fuese fácil a muchos de nosotros no nos engancharía lo mismo que ahora.
Algunos puntos de Golf Ahora los he puesto en práctica con mis hijos cuando salía a jugar con ellos. Salidas que les convengan, alivios, mejorar la posición de la bola para no hacérselo más complejo de lo que es, pero a medida que se han ido haciendo mejores golifstas, tienen 6 y 7 años, todas esas cosas han ido despareciendo, entre otras cosas porque el golf les enseña a fallar, a ser humildes, les muestra las consecuencias de las malas decisiones, de los buenos y de los malos golpes, el golf tal cual está, nos enseña muchas cosas buenas, como nos comentaba hace algunas fechas Álvaro De Prado es este post de obligada lectura y es por ello que hacer nuestro deporte más fácil, quizás atraiga más gente a los campos, pero no por ello habrá más golfistas en ellos.
El golf como dije anteriormente es un deporte técnico, que demanda tiempo para entrenar, para ir a clases y jugar nuestros hoyos, pero aunque siempre decimos que es un deporte desagracedido, no es menos cierto, que todos aquellos que le hemos ido dedicando tiempo, hemos ido mejorando, con mejores y peores días, pero quien le dedica tiempo y esfuerzo mejora, porque hay algo en todo esto de “facilitar” al golf, que me hace recordar que algunas cosas sólo se consiguen con esfuerzo y dedicación, sin existir atajos.
Imagen|PGA Tour
Parece mentira que con catorce años se pueda llegar a dominar hasta tal punto un deporte tan complejo. La neozelandesa Lydia Ko ganaba la semana pasada el NSW Open, perteneciente al ALPG (Australian Ladies Professional Golf) apenas siendo una adolescente. Los años de prácticas, comprensión del movimiento, modificaciones de swing, no parecen haber ido con ella. A esa edad parece que todo le ha sido dado, como si de andar se tratara.
El récord de Amy Yang, que ganó su primer torneo con dieciséis años, se ha visto sorprendentemente superado; incluso el de Ryo Ishikawa (ganó a los quince en Japón) también ha sido pulverizado. Si Yani Tseng o Alexis Thompson (la nueva promesa del golf americano) se despistan pueden verse superadas por una jugadora que apunta muy alto. En su caso, el éxito no parece depender tanto de su juego como de su mentalidad. Qué será lo siguiente… ¿Se puede ganar a una edad menor?
Más Información | ALPG Tour
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En Fuera de Límites | La situación actual de Ryo Ishikawa

El año pasado os comentábamos que la R&A y la USGA anunciaban cambios en las reglas. La mayoría de las modificaciones estaban enfocadas en temas polémicos durante los últimos meses, como el modo en que el viento afecta a la bola en los greenes o la permisividad a la hora de alisar la arena de un bunker. Dentro de éstas, hay una que apenas ha causado revuelo y que, sin embargo, tiene más aplicaciones que las aparentes.
Se trata del uso de smartphones o PDAs con GPS en el campo. Cada vez son más las aplicaciones para iPhone o Android aplicadas al mundo del golf y algunas de ellas, como GolfShot, se están haciendo más populares día a día. Muchas otras ya no sólo miden la distancia que hay desde la posición del jugador al hoyo sino que muestran otros factores como el tiempo, el viento o incluso la orientación a través de una brújula.
Hasta ahora la normativa de la USGA y la R&A admitía el uso de este tipo de aparatos únicamente si el propósito era calcular la distancia (bajo reglas locales) pero el aumento en el uso de smartphones (prácticamente todos los jugadores cuentan con uno hoy día) ha hecho que se clarifiquen algunas situaciones. En el año 2009 se permitía el uso de smartphones con aplicaciones para ver el tiempo siempre que no se usaran esas aplicaciones. Esto hacía hartamente difícil comprobar si un jugador había utilizado su teléfono infringiendo la norma o simplemente para comprobar la hora.
De acuerdo a las nuevas reglas de 2012, sólo tener una de estas aplicaciones instaladas es motivo de descalificación bajo la regla (14-3):
“Un dispositivo multifuncional, como un smartphone o PDA, puede ser usado como un aparato de medida de distancia siempre que contenga una aplicación que sólo mida la distancia y cumpla las limitaciones superiores (por ejemplo, que no calcule la pendiente). Además, cuando la aplicación de medida de distancia esté siendo usada, no debe haber otras aplicaciones o características instaladas en el dispositivo que, si se usaran, entrarían en una violación de las Reglas, sean o no utilizadas.”
Esto quiere decir que si se está utilizando una aplicación como GolfShot en un iPhone, que calcula la distancia que hay al green desde la posición del jugador, no se puede tener instalada otra aplicación como la Brújula, que viene preinstalada en el propio dispositivo y no se puede quitar. Dado que:
“Una brújula puede ayudar a un jugador a determinar la dirección del viento (si el jugador está en una parte protegida de la calle). Si el jugador sabe por un anterior pronóstico que el viento viene del nordeste pero no puede sentirlo y el movimiento en la bandera no es evidente, una brújula le podría ayudar a determinar esa dirección.”
No se ha prohibido, en ningún caso, que un jugador tenga su smartphone en la bolsa o se utilice para mirar la hora o comprobar si tiene alguna llamada perdida. Pero sí se ha prohibido prácticamente cualquier uso de una aplicación de medida de distancia en todos ellos, dado que con sólo tener instalado un navegador de internet, se podría ver el pronóstico del tiempo para el día y se violaría esta regla. Así que mucho ojo en los torneos.
En Fuera de Límites | La R&A y la USGA anuncian cambios en las reglas del golf
Imagen del murciélago patudo. En menos de una semana, a los que nos gusta esto de la información y estar conectados, hemos podido ver y leer como el golf y el mundo “normal”, ese que pisamos todos los días, parecen vivir en órbitas paralelas, y para nada siquiera, tangenciales. Mientras, por un lado, el web de la RFEG publicaba una excelente información sobre el valor ecológico del campo de La Sella en Alicante y su reserva de murciélagos autóctonos como especie protegida (tema que ya trató Ovidio en Fuera de Límites el año pasado) en Doble Bogey se hacían eco de una mesa redonda y jornadas celebradas en Madrid de Ecologistas en Acción en las que, simplemente, se nos ponía a caer de un burro.
Supongo que, como siempre, todo el mundo tiene argumentos y realidades para mostrar a patadas y, una vez más, los extremos intentarán cualquier cosa, menos a juntarse. Ocurre en este y otros temas, pero realmente llama la atención que ambas realidades convivan en el mismo mundo y… se ignoren. El golf, desde su lujoso “guetto” bien protegido de cualquier mundanal roce con realidades que más bien hay que afrontar por los cuernos, y los ecologistas, desde la soflama y el linchamiento en cualquier oportunidad que se les brinda, cumpliendo con su papel de agitadores medioambientales.
Imagen del campo de La Sella. Y yo me pregunto: ¿No es más fácil juntarse, compartir, debatir, saber y encontrar soluciones, avanzando sobre los problemas, y más, en los de está índole? Porque si no, a mi me entran las sospechas: ¿No será que no quieren buscarse soluciones, que cada uno está muy “agustito” en el papel que le toca, y que es más fácil gritarle a una pared, los unos, y tachar de melenudos incendiarios a los otros? ¿No será que los argumentos no son sólidos, que lo que hay es ganas de salir del paso, y justificar expedientes y roles sociales? ¿O es que todavía no ha creado nadie ni la Comisión, ni la Mesa, ni la Plataforma,… adecuada para que ello suceda?
En cualquier caso, tanto al mundo del golf como a los movimientos ecologistas, se les acaba el tiempo. No se puede seguir con el mismo discurso a estas alturas de la película: el golf está en crisis, y es imposible seguir vivo mirando a otra parte con problemas (¿fijo inmovilizado se dice?) tan acuciantes como el de sus campos e infraestructuras. Y para los movimientos ecologistas, lo mismo: cuando hay medios y realidades que cambiar para que no cargarse el Planeta… o se proyecta y se ve realizada algún tipo de reivindicación, sugerencia o reclamo sobre el golf, o su discurso se irá quedando cada vez más vacio.
Como siempre: la razón nunca la tendrá, entera, ninguna de las dos partes. Por eso hay que juntarse, es la única certeza de este post, junto a que ese murciélago… ¡Mola mucho! ¿Hará birdies?
En Fuera de Límites | Los campos de golf y los murciélagos
Más información | RFEG: Un campo de golf, hábitat natural de una especie en peligro de extinción
Imagen | planteayresuelve.wordpress.com
Clasificación Liga Aesgolf 2012
Desde el bunker, a unos 70 metros de bandera, Graeme McDowell pega a la bola con su gap-wedge limpia. La bola sale descontrolada hacia las gradas y después de rebotar termina a escasos metros de bandera. Birdie. No era la primera vez que ocurría esta semana. En el hoyo 12 consiguió un hoyo en uno, al igual que Sergio García, ganando tres noches al año para el resto de su vida en uno de los mejores hoteles del mundo, el Emirates Palace Hotel.
El norirlandés lleva una carrera espectacular y no sólo por sus títulos. Este golpe bien podría sumarse a su lista de nueve hoyos en uno y tres albatros. No le vendría mal poner en su gorra un trébol de cuatro hojas, si no lo tiene ya dentro del bolsillo.
Enlace | Video Original en YouTube
En Fuera de Límites | El albatros de Graeme McDowell ya forma parte de la historia de Valderrama

Durante las dos primeros primeros días del Abu Dhabi HSBC Golf Championship, Tiger Woods, Rory McIlroy y Luke Donald jugaron juntos. Era difícil no emocionarse ante el panorama. El mejor jugador del mundo cara a cara con el (para muchos) mejor jugador de la historia y el vigente campeón del U.S. Open, un joven que destila talento. El enfrentamiento no era trascendental, dado que se trataba de las dos primeras vueltas del año en competición oficial de los tres jugadores; pero el golf, muy caprichoso en ocasiones, puede que los no haga coincidir en el mismo partido el resto de temporada.
Donald se alejó de la lucha pronto y no pudo seguir el ritmo de Woods y McIlroy, que volvieron a jugar juntos el sábado. El juego del inglés en nada se parece al de los otros dos pero sin embargo consiguió mejores resultados el pasado año. Mientras unos son capaces de pegar cualquier tipo de golpe en situaciones inverosímiles, Luke es más regular, y su putter le ha llevado a lo más alto del Ranking. Algunos pensarán que su juego es más limitado y en cierto modo tienen razón, pero su margen de errores es también menor.
Un campo en excelentes condiciones citaba el sábado a un Woods en buena forma con un McIlroy amenazador. Todo son oportunidades de birdie para el joven norirlandés y en ocasiones parece que estamos ante la reencarnación del “viejo” Tiger; si él juega, tiene oportunidades de victoria. Entre ambos (el “viejo” Tiger y McIlroy) existen similitudes. Su juego largo es agresivo y escandalosamente preciso si están en forma; su swing les permite pegar todo tipo de golpes y, sobre todo, cuando desarrollan su mejor versión no hay nadie capaz de superarles. Sucedió en Pebble Beach en el año 2000 y se repitió en el mismo torneo, el U.S. Open, en Congressional la temporada pasada.
El golf es un deporte individual, es decir, un solo jugador, aunque tenga un gran equipo detrás, es el que tiene que dar los golpes. Eso hace que sea más fácil compararlos en situaciones similares. El gran Jack Nicklaus en el año 86, pegando una perfecta secuencia de impactos para ganar su último Masters de Augusta; en el 97, cuando un prodigio que se hacía llamar Tiger Woods barrió a todos sus rivales para ganar el mismo torneo y hacer que el golf, por primera vez, pareciera algo increíble; no sólo para los aficionados sino también para el resto del planeta. Algo muy similar sucedió con McIlroy el año pasado después de caer en Augusta y renacer en Congressional.
Esta semana en Abu Dhabi ambos coinciden y los dos terminan luchando por un torneo que, finalmente, ganó Robert Rock: un inglés material de Ryder Cup. Cada uno tiene aspectos que mejorar en su juego, no hay duda, pero en su primera oportunidad de este año han quedado segundo y tercero respectivamente, sin rendir al máximo. Dicen que Tiger no es el que era pero salió co-líder en la última jornada y tuvo opciones hasta prácticamente el final en su primer intento del año; mientras que McIlroy tuvo una penalización el viernes de dos golpes por un error infantil, los mismos que le hubieran permitido ganar el torneo.
No quiero imaginar un hipotético duelo entre ambos en su mejor estado de forma. Sería demasiado bonito.
En Fuera de Límites | Un viaje por el desierto

Hace tiempo que comenté mi punto de vista sobre lo que los espectadores de golf deseamos disponer para mejorar las retransmisiones de golf tradicionales. Decía el pasado 8 de julio de 2011 que las redes sociales, sobre todo Twitter, se han convertido en un canal de interacción brutal entre los golfistas españoles, situación que ha traspasado fornteras y es comentada al otro lado del charco esta semana por nuestra amiga Patricia Hannigan, a.k.a. Golf Girl.
Hoy vuelvo a poner el asunto encima de la mesa porque, si las redes sociales decía que eran la tercera dimensión que los golfistas tenemos, ahora digo que la cuarta son las aplicaciones de golf para móviles y tablets, como la app del PGA Tour para iPad, recientemente lanzada, como ya publicó Enrique la semana pasada, y que ya podemos descargar los que somos usuarios del tablet de Apple.
Sí, ya sé que sólo está disponible para la plataforma de Apple, esa que algunos llamáis “el lado oscuro de la informática”, pero no por ello voy a dejar de comentarla. Aunque no tengo información al respecto, estoy convencido de que no tardarán en sacar la versión equivalente para tabletas de otras plataformas, como Android.
El caso es que este fin de semana pude seguir el torneo Farmers Insurance Open a través de la app del PGA Tour para iPad y pude disfrutar de una experiencia realmente increíble como usuario. La televisión encendida, como siempre, y la tableta a mano, con un montón de información a mi disposición, toda ella accesibe de manera intuitiva y racional y accesible a mi antojo.
Leaderboard, múltiples detalles y estadísticas de la vuelta de cada jugador del torneo, vídeos, noticias y titulares, perfiles actualizados de los miembros del circuito americano, cada rincón del campo explicado al milímetro, clasificación de la Fedex,… son algunas de las piezas que encajan dentro de lo que me atrevo a llamar “el cuadro de mando definitivo para cualquier espectador de un torneo de golf”.
Con una herramienta como esta, el espectador recupera buena parte del control de la retransmisión, pudiendo navegar a través de la extensa información de la app del PGA Tour para el iPad mientras ve el torneo por la tele. Es un complemento excelente para esas tardes de sofá, aderezadas con los Twitts de los aficionados, jugadores, comentaristas y otra gente del golf, y ahora también con toda la información del PGA Tour en nuestra mano.
La aplicación del PGA Tour para el iPad es gratuita, gracias al acuerdo de patrocinio que alcanzado con Callaway. Una apuesta ganadora la de la firma de golf americana, muy activa en el mercado en estos últimos años, y que esperamos pueda continuar en el tiempo para seguir evolucionando la aplicación y darnos aún más y mejor información a los aficionados al golf. De momento, el resultado inicial para mi es de sobresaliente alto.
A continuación, os dejo una galería con unas cuantas capturas de pantalla de la aplicación en funcionamiento:
En Fuera de Límites | El iPad, la prensa especializada y las nuevas teconologías
Imagen | PGA Tour

Arcos Gardens, diseñado por Landmark Golf (PGA West, Palm Beach Polo, Ocean Course en Kiawah Island…) y situado en la provincia de Cádiz, es uno de los mejores campos de golf que tenemos en España. Lleva años en la lista de los 100 mejores en Europa que elabora Golf Digest anualmente y cada invierno, las Federaciones de Golf Sueca e Inglesa lo eligen como sede de sus entrenamientos.
Antes de visitar el campo ya conocía todos estos datos y en ocasiones, resulta decepcionante ver como recorridos con multitud de reconocimientos no terminan siendo más que campos de golf, con mejores o peores diseños. Sin embargo es difícil terminar los dieciocho hoyos de un recorrido y quedar gratamente sorprendido, pensando: “¿Cómo es posible que puedan mantener el campo en tan buen estado en invierno? ¿Por qué no he tenido que caminar cincuenta metros para encontrar un rastrillo para un bunker?” Lo que verdaderamente sorprende de Arcos no es sólo el campo y las magníficas instalaciones, sino el cuidado que se ha puesto en todos los detalles.
EL CAMPO
Todo en Arcos Gardens está pensado con antelación. No se ha dejado nada al azar. El recorrido cuenta con cinco tees (dorados, blancos, amarillos, azules y rojos) que hacen que se pueda pasar de una distancia asequible (5781 metros desde amarillas) a una bastante respetable (6750 metros desde los tees dorados). No es especialmente técnico, las calles son anchas y en algunos hoyos hasta se hace difícil fallarla, simplemente, no es el tipo de dificultad que plantea Arcos. Los bunkers sí lo son. Para tener buenos tiros a green, es necesario dejar fuera de juego las numerosas trampas de arena, que en ocasiones llegan a ser muy extensas, y que se reparten por las calles y alrededores de greenes.

El objetivo para jugar bien en este campo es evitar los fallos. Dependiendo de los tees desde donde se juegue, la distancia cobrará mayor o menor importancia pero una bola recta siempre es buena y no suele ser estrictamente necesario moverla a izquierda o derecha.
El principal desafío que se encontrará el jugador son los greenes. A lo largo del año suelen estar siempre en las mismas condiciones: rápidos y con múltiples ondulaciones. Su estado es excelente, óptimo, y un jugador que no esté acostumbrado puede pasarlo verdaderamente mal. Es el precio a pagar por un cuidado espléndido. Si es la primera vez que se juega es muy recomendable conseguir el libro del campo puesto que los greenes son grandes y una bandera colocada al final de uno de ellos puede suponer una diferencia de treinta metros.

Para entender hasta qué punto los cuidados de este recorrido son excelentes, basta con fijarse en sus tipos de hierba. En verano, debido a las altas temperaturas, las calles son de bermuda y los greenes bentgrass, ya que soportan mejor el calor. Cuando llega el invierno y el campo llega a amanecer helado por las mañanas, las calles pasan a ser ryegrass. Este proceso de “overseeding” se hace todos los años dependiendo de las temperaturas y se aprecia muy fácilmente en invierno, cuando las calles son de un verde vivo y el rough mantiene un color rubio.
Situado en la sierra de Cádiz, el clima es excelente a lo largo de todo el año. Se puede llegar a jugar en manga corta en invierno una vez salido el sol y es la mejor época para jugar el campo andando, mientras que en verano, mucho más caluroso, puede hacerse largo y es mejor recorrerlo en buggy.
SITUACIÓN
El campo se encuentra a escasos minutos de Arcos de la Frontera, considerado el comienzo de la famosa ruta de los pueblos blancos. Ubrique, Ronda y Grazalema son algunos de los pueblos cercanos y su visita es obligatoria si se pasa por la zona.

El aeropuerto de Jerez se encuentra a escasos veinte minutos de Arcos de la Frontera, por lo que si se viene desde cualquier punto de España o el extranjero puede considerarse una muy buena opción. Desde Sevilla, se puede llegar en coche en una hora y desde Gibraltar o Marbella se tardan 75 minutos.
El mismo club de golf ofrece la posibilidad de hospedarse. Da a elegir entre adosados de lujo o habitaciones dentro de su propio cortijo, hasta un total de cuarenta y cuatro. Si principalmente se va a jugar al golf durante una temporada, esta es la mejor opción puesto que también ofrecen descuentos para los jugadores.
CONCLUSIÓN
Arcos Gardens es de los mejores campos del país. Está envuelto en un entorno exclusivo pero sus green fees no lo reflejan en absoluto, y dependiendo de la época del año en que se juegue su precio varía. Varían entre los cincuenta euros en verano a casi cien en los últimos meses del año. ¿Merece la pena pagarlos? La respuesta es que sí. El excelente trato que se recibe, el estado de forma del recorrido y la atención a todo tipo de detalles harán que se recuerde un día de golf.
Mención especial también a la escuela de golf, personificada en Martin Brannstrom y Andrew Laird, dos grandes profesionales disponibles para impartir clases y que completan una oferta redonda.
Más Información | Arcos Gardens Golf & Country Club
En Fuera de Límites | Guía de Campos de Golf
La web del PGA Tour es, con bastante diferencia, la mejor que presenta un circuito profesional de golf en la actualidad. La profundidad con la que se puede analizar el juego de los golfistas es muy grande, gracias a la gran cantidad de datos que proporciona; desde los greenes en regulación, a los putts ganados por vuelta o la distancia media a la que se dejan los golpes de 100 yardas o menos. No hay ninguna otra que proporcione tal cantidad de datos.
Ayer el PGA Tour sacó su aplicación para iPad, en la que todas estas funcionalidad se trasladan al ámbito táctil y a la movilidad que otorga un tablet. Una de las más interesantes es la posibilidad de hacer streaming en directo y que, con el permiso de las televisiones, podría llegar a ofrecer alguna jornada de un campeonato. También se puede ver toda la información del campo en que se está jugando cada semana, ver los mejores videos de la jornada y los últimos tweets de la cuenta del PGA Tour, con las últimas noticias en rigurosa actualidad. Tenemos la suerte de que la aplicación está patrocinada por Callaway y es gratuita para todos los usuarios de un iPad, pudiendo descargarse aquí.
Enlace | PGA Tour HD en la App Store
En Fuera de Límites | El iPad, la prensa especializada y las nuevas tecnologías

No hace tanto que pudimos ver por primera vez un driver blanco. La cosa no parece haberse quedado ahí. El driver que veis arriba existe de verdad y es el que utilizará Bubba Watson esta temporada. No es la primera vez que vemos al americano usarlo pero hasta ahora sólo había aparecido en sus varillas. Ping ha decidido darle la oportunidad de usarlo también en su G20 y de paso darle una buena publicidad.
Además el nuevo driver incluye una causa benéfica. Parte de la iniciativa “Bubba & Friends Drive to a Million”, en la que Ping donará 300 dólares por los 300 primeros drives en los que Bubba sobrepase las 300 yardas. Teniendo en cuenta que su promedio en 2011 fue de unas 315 por golpe, no tardará mucho en conseguirlo. Un buen movimiento de marketing acompañado de una buena causa y un driver completamente distinto al resto.
Foto | Instagram Allan Henry

John Solheim, Director Ejecutivo de Ping Golf, propuso el pasado mes de diciembre una alternativa a los problemas de distancia que están viviendo muchos campos de golf alrededor de todo el mundo. El dato más representativo son las más de 290 yardas de media que promedian los jugadores del PGA Tour, traducido en reformas que se han visto obligados a hacer campos con la historia del Augusta National, demasiado cortos para los bombarderos de hoy día. El problema no se queda ahí. Los jugadores aficionados también han visto aumentada considerablemente su distancia desde el tee de salida y la tendencia en la arquitectura de campos de golf es de fabricar campos de dimensiones gigantescas.
La propuesta de Solheim ante esta situación es la de añadir a las bolas que utilizamos en la actualidad dos tipos más: unas que permitan hacer treinta yardas menos de distancia y otras que permitan hacer treinta más. La avalancha de reacciones no se ha hecho esperar y merece la pena echar un vistazo a algunas de ellas. Mike Davis, Director Ejecutivo de la USGA, declaró en Golfweek días después: “Tenemos una creencia desde hace más de 100 años, que exista un conjunto de reglas para todos los golfistas es uno de los factores que ha hecho este juego tan fuerte.”
Esta primera reacción se basa en un principio muy firme, el de competir todos los jugadores en las mismas condiciones. Según la propuesta de Solheim este principio no se vería vulnerado, pues los jugadores del PGA Tour podrían seguir jugando el mismo tipo de bola que en la actualidad, es decir, todos en la misma situación. Si mantener el mismo conjunto de reglas se basa en no cambiarlas nunca, Mike Davis tiene toda la razón del mundo: la propuesta de Solheim quebrantaría la normativa; pero si se trata de que un aficionado, un niño de doce años o una persona de setenta no juegue con la misma bola que un profesional del PGA Tour, la iniciativa del CEO de Ping no parece corromper “la tradición del golf”, sino enriquecerla.
Y es que esta iniciativa no va enfocada tanto al mundo profesional y competitivo como al amateur. Mientras que algunas voces han afirmado que los torneos femeninos serían más mediáticos si se jugaran con una bola que produjera más distancia, es muy interesante ver qué ocurriría con una bola que produjera menos. Al fin y al cabo es lo que se ha perdido en los últimos años, en los que parece que cualquier jugador es capaz de enviar la bola a distancias antes inimaginables.
En unos años en los que la construcción de campos de golf prácticamente ha frenado en seco y el dinero no abunda, muchos recorridos se están jugando de una forma distinta a cuando se diseñaron, es decir, son un reflejo de lo que fueron. La alternativa es remodelarlos (por no decir alargarlos) pero no hay presupuesto. Aquí el principio de Solheim de “es mucho más fácil ajustar la bola al campo que el campo a la bola” se cumple a la perfección; no sólo es más fácil, sino también es más barato.
Los tres motivos más comunes por los que una persona suele dejar de jugar al golf son “es demasiado difícil, caro y requiere demasiado tiempo jugar.” En cuanto a la dificultad, es una barrera que distingue a las personas a las que de verdad les gusta este deporte y las que no. Les gusta jugar al golf por la dificultad que implica y no a pesar de ella. Pero en cuanto al precio y el tiempo requerido para jugar, una bola que produzca menos distancia podría ser beneficiosa para el juego.
Solemos decir que el golf es muy caro, sobretodo cuando se trata de un campo privado y exclusivo para unos pocos socios. Esto es debido, en parte, a la tradición del golf, que como en otros deportes (como el fútbol o el tenis) comenzó siendo un deporte elitista; pero también es debido al precio del suelo. No es lo mismo construir un campo de fútbol (90 metros de largos y 60 de ancho en muchos casos) que un campo de golf de 70 hectáreas que además, requieren de importantes cuidados. Una bola más corta implicaría que esa superficie pudiera ser menor. Si en vez de campos de más de seis mil metros se construyeran otros con unos 30 metros menos por hoyo se podrían considerar terrenos para nuevos campos que hoy día parecen de juguete.
Un campo más corto también supone menos tiempo requerido para jugarlo. En la mayoría de ocasiones, los jugadores que suelen parar el ritmo de juego de un campo son los menos experimentados. Solemos recordar los pares 3 como los momentos de mayores esperas pero donde de verdad se entretiene un jugador que acaba de empezar es en los pares 5, es decir, los hoyos más largos. Un campo más corto ayuda también a que el ritmo de juego sea más fluido.
Hay más de una forma de que el golf evolucione, y la propuesta de Solheim es muy positiva, en tanto que abre un debate al alcance de todos. ¿Votos a favor?
Más Información | A Long Term Response to Distance (Golf Digest)
Horario Salida Empordà 26/01/2012

No sabemos demasiado de Ryo Ishiwaka. Las noticias que llegan de Japón nos hablan de un verdadero prodigio, capaz de hacer 58 golpes en la vuelta final de un torneo (Crowns Tournament, Nagoya, 2010) para ganar por cinco golpes, dominar el circuito nacional antes de cumplir los veinte años y ganar nada menos que en nueve ocasiones. Todo indica que estamos ante un fenómeno de dimensiones considerables, un competidor nato, pero por lo que hemos podido ver del japonés en Europa o Estados Unidos las buenas impresiones se vuelven algo más que discretas.
Por alguna razón, Ishikawa no termina de jugar bien lejos de casa. En 2010 y 2011 su objetivo ha sido jugar en los World Golf Championships y majors, además de en algún torneo regular del PGA Tour a través de una invitación. Sus resultados han sido más que discretos. Se esperaba con gran expectación ver al fenómeno que encandilaba a los medios nipones pero en la actualidad, cada vez que Ryo juega lejos de Japón, da la sensación que sólo está de paso.
Puede que se trate de un proceso de maduración como persona y golfista. Hasta la fecha, su mejor resultado en un major ha sido un vigésimo puesto en el Masters del año pasado mientras que en los World Golf Championship le ha ido algo mejor, firmando un cuarto puesto en el Bridgestone Invitational (2011) y un noveno en el Accenture Match Play (2010). Datos muy alejado del status de superestrella y que hacen que muchos se pregunten si de verdad estamos ante algo extraordinario. Los halagos no van acompañados de datos y parece que vislumbrar si Ryo triunfará alguna vez en occidente es una cuestión de fe.
Tratándose de algo parecido, parece importante considerar la opinión de Greg Norman, que le ha convocado para las dos últimas Presidents Cup. Sus resultados en esta competición tampoco son muy aclaratorios porque prácticamente ha ganado los mismos partidos que ha perdido, aunque en los enfrentamientos individuales ha rendido bien y ha ganado sus dos partidos hasta la fecha. Norman le ha considerado un valor en alza, sobre todo en su primera convocatoria con el equipo.
Lee Westwood ha sido otro de los jugadores que ha hablado bien del japonés. “Todavía es joven y se va ha hacer más grande y fuerte. Hace todo bien y parece estar tranquilo cuando gana,” declaraba al final de la pasada temporada. Dejando entrever que la paciencia puede ser la clave en su caso, y apuntó un dato interesante: “Juega mucho, me ha dicho que juega 33 torneos al año, y eso es mucho.” Para un jugador que tiene que recorrer literalmente medio mundo para jugar en Estados Unidos, jugar tal cantidad de torneos es agotador.
Actualmente ocupando el puesto quincuagésimo primero del Ranking Mundial, conseguir la tarjeta del PGA Tour puede constituir un momento crucial en su carrera. Instalarse en Estados Unidos y pasar de vivir en aeropuertos a estar en su casa la semana antes de un torneo es una diferencia importante. Estamos ante un jugador algo estancado durante los últimos tres años pero en el momento en que explote puede convertirse en una referencia.
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Se desconocen los motivos por los que, cada ciertos años, un grupo de jugadores de un mismo país empiezan a destacar de manera sobresaliente sobre el resto. Como si de la Teoría de la generación espontánea se tratara, empiezan a copar los primeros puestos de grandes competiciones internacionales, acumulan premios y sientan cátedra. El deporte español ha estado viviendo este tipo de fenómeno durante los últimos años, en disciplinas como el fútbol, baloncesto o tenis.
Sí sabemos algunos factores que ayudan a que se desencadene el éxito entre un grupo de jugadores. El primero y más claro de ellos es un referente, un líder. En el caso del golf sudafricano esa persona fue en su día Gary Player, y sus escuderos Ernie Els y Retief Goosen. Entre los tres ganaron nada menos que catorce majors (nueve, tres y dos respectivamente) y no solo representaron el mejor golf de su país, sino posiblemente el mejor fuera de los Estados Unidos.
Cuando el “Black Knight” ingresó en el Hall de la Fama del Golf en 1974, Ernie Els y Retief Goosen sólo tenían cinco años. No pudieron ver en directo como Player ganaba su primer major, el Abierto Británico de 1959, ni cómo posteriormente completaría el Grand Slam tan sólo seis años después, en 1965. Sin embargo el golf que conocieron cuando eran niños estaba influido de arriba a abajo por el jugador sudafricano. Cuando ambos jugadores, años más tarde, pasaron a formar parte del “Big Five” (junto a Tiger Woods, Phil Mickelson y Vijay Singh) se confirmó una evolución natural en el nivel del golf sudafricano. Echando la vista atrás era fácil admirar el proceso. Gary Player sentó las bases y tanto Els como Goosen desplegaban su talento sin tapujos por los mejores escenarios del mundo.
En la actualidad ambos jugadores pasan de los cuarenta años y comienzan a entrar en el llamado blues del jugador de golf, donde las oportunidades siguen existiendo pero los éxitos son contados. Han ganado tantas veces que es posible que olviden alguna si las intentan recordar; su cuerpo no responde de la misma forma y la competición ya no se vive con la misma intensidad, por lo menos si se compara a la de un veinteañero. Porque la siguiente generación del golf sudafricano ya pega más fuerte que la vieja guardia y está dejando una firma distintiva respecto a jugadores de otros países. Louis Oosthuizen, Charl Schwartzel y Branden Grace consiguen ganar al principio de cada temporada.
Es el escenario perfecto para ellos. Juegan en su país y tienen tres oportunidades de conseguirlo: Africa Open, Joburg Open y Volvo Golf Champions. Oosthuizen lo ha conseguido los dos últimos años, Schwartzel ganó dos de ellos en 2010 y repitió otra en 2011 y ayer Branden Grace, después de ganar por primera vez en el Circuito Europeo la semana pasada, repite triunfo frente a, curiosamente, Ernie Els y Retief Goosen.
Hablamos de lo difícil que es volver a ganar y este chicho, que accedió a través de la escuela al circuito profesional, gana dos veces seguidas con victoria ante sus dos ídolos incluida. La escuela sudafricana sigue aportando grandes talentos y últimamente parecen salir a la luz en silencio, avisando en los primeros torneos del año en el Circuito Europeo y pegando, sin avisar, un zarpazo en un grande.
En Fuera de Límites | A golpe de birdies
The Golfers, Charles Lees (1847). Óleo sobre lienzo. La parte más mediática del golf, al igual que la de cualquier otro deporte, es la competición en estado puro, con los cuatro majors y la Ryder Cup como máximos exponentes. Como cualquier acontecimiento que cala en un gran número de personas, el arte también ha dado forma a muchas de las emociones que transmite el golf, así como a algunos de sus mejores jugadores.
Lo que no sabíamos es que hubiera sido tan prolífica. Gracias al High Museum of Art (Atlanta, Estados Unidos) y a National Galleries of Scotland se exhibe hasta el 24 de junio una exposición titulada “Art of Golf” y que aglutina trabajos de artistas tales como Andy Warhol, Rembrandt o Norman Rockwell. En un deporte que cada vez más se sirve de la ciencia, no viene mal recordar otro de sus efectos en la sociedad. Podéis ver en este enlace algunas de las obras exhibidas, algunas de ellas sorprendentes.
Más Información | High Museum of Art
Imagen | National Galleries of Scotland and Heritage Comittee

El Sony Open disputado en Hawaii finalizó con la victoria de Johnson Wagner, o como ha sido apodado después de dejarse bigote: “Mr. Mo” (mustache). Trece golpes bajo el par fueron suficientes para mantener al margen a Carl Petterson, Sean O’Hair, Harrison Frazar y Charles Howell III. El caso de este último jugador es, cuanto menos, peculiar. De gran promesa del circuito pasamos a no saber nada de él durante años, y desde el silencio, está trabajando duro para llegar de nuevo a la victoria.
Howell se hizo profesional en el año 2000 y su primera victoria llegó pronto, tan sólo dos años después, en el Michelob Championship. Por entonces tenía veintitrés años y su nombre sonaba con fuerza junto al de un tal Sergio García, como jóvenes armas para interrumpir el reinado del gran Tiger Woods. Las expectativas, como en la mayoría de los casos, recayeron en los hombros de un chico que no estaba ni mucho menos preparado para tal responsabilidad, y su juego lo notó.
Hasta aquí su historia parecía ser la de cualquier chaval agotado por las expectativas que creó y su principal defecto, haber jugado tan bien a una edad tan temprana. Durante los años siguientes creó la misma sensación que otros buenos jugadores, sumando numerosos top10 a lo largo de sus maratonianas temporadas (promedia alrededor de treinta torneos jugados por año) pero nunca llegando a destacar lo suficiente, siempre a las puertas de algo mejor. En cuatro años consiguió terminar dieciséis veces entre los diez primeros, seis de esas ocasiones en segundo lugar. Su historia podría haber cambiado fácilmente si hubiera ganado entonces, pero su segunda victoria tardaría un poco más en llegar.
En el año 2007, Howell ganó el Nissan Open, el mismo torneo que perdió en un playoff contra Mike Weir cuatro años antes, en el 2003. Lo que tanto había ansiado desde hace años por fin llegaba y después de muchísimos intentos en el camino, no porque se le considerara una firme promesa del circuito. Aquel triunfo llegaba con 28 años y las palabras que más se repitieron en los medios fueron “madurez” y “constancia”, nada que ver con “la gran alternativa a Tiger Woods”. Por fin, él remaba en la misma dirección que su entorno.
Suele decirse que un jugador suele definirse en sus momentos más bajos, no en sus victorias, y en su caso este supuesto se cumple a la perfección. Ya no es el joven que prometía ganar majors y marcar una época, se trata de un buen jugador de golf que lucha dentro de sus posibilidades. Desde su última victoria ese rol parece más asumido que nunca y los resultados van llegando poco a poco, como asentándose en una progresión. Nadie habla de Charles Howell III pero en 2010 consiguió seis top10, cifra que repitió el año pasado. Llama mucho la atención ver a un jugador que participa en treinta pruebas por año y se encuentra octavo en la media de golpes, por delante de Jason Day, Adam Scott, Phil Mickelson, K.J. Choi o Keegan Bradley.
¿Queréis un caballo ganador para el 2012? Charles Howell III promete estar arriba unas cuantas veces a lo largo de la temporada, y cuando se suman tantos puestos entre los diez primeros, sólo por probabilidad, es posible que lo consiga de nuevo. En su favor hablan sus resultados y la experiencia que ha ganado con los años. ¿Sabéis de otro jugador que promedia pocos golpes por año? Curiosamente, Sergio García, en sexto lugar. No estaría mal anotarlo en la misma lista.
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Un golpe simple en un hoyo sencillo, un par 3 de 120 metros. La mayoría de los aficionados tienen problemas para dejar su bola en green mientras los profesionales parecen tener un margen de error de unos dos metros alrededor del hoyo. ¿Sería más fácil lanzar la bola con la mano?
No todos son capaces de cubrir esa distancia, pero si tienes los rocosos brazos de Paul Casey, la cosa es más sencilla. Después de ver a Diego Forlán practicando el “footgolf”, el inglés parece fundar el “handgolf”, o el golf sin palos de por medio. Después de lesionarse el hombre estas vacaciones practicando snowboard parece que está prácticamente recuperado. ¡Gran lanzamiento!
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